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CENTERFOLD, EXHIBICIÓN ÍNTIMA

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En el desarrollo de "Centerfold, exhibición íntima" exploro el autorretrato y la identidad a través de la traducción de un segmento de mi mapa genómico a código binario. Indago en cómo las A, C, G y T pueden convertirse en 0 y 1, investigando la relación entre tecnología y genética en la actualidad, a la luz de los últimos desarrollos en ingeniería genética. La instalación propone un paralelismo entre el mundo de la programación informática y el de la ingeniería genética, ya que la capacidad del programador de crear un nuevo software y proyectar su comportamiento es comparable a la capacidad del científico de manipular una identidad y decidir sobre sus características. Al reflexionar sobre y dialogar con las unidades mínimas de la programación, el 0 y el 1, encuentro sinergias con las unidades mínimas de construcción del individuo: la secuenciación del ADN, compuesta por las bases adenina, citosina, guanina y timina (A, C, G y T).

En esta obra, también reflexiono sobre el deseo persistente y a veces excesivo de exhibirnos que nos gobierna, y sobre su impacto en nuestras identidades: la digitalización nos permite exponernos de forma rápida y efectiva. La identidad renuncia así al control, convirtiéndose en materia de multiplicación, reproducción y manipulación.

En su exhibición, las secuencias de 0 y 1 que encarnan mi autorretrato más íntimo se proyectan dentro de una estructura espejada. El efecto infinito, continuo y acelerado de los reflejos ilustra la falta de límites de la experiencia virtual y la exhibición digital de la identidad, que excede las dimensiones humanas. La exhibición íntima, encapsulada pero a la vez invitante, solo puede completarse con la mirada de quien observa. Quien visita no puede acceder a la instalación con su cuerpo: se ve obligado, en cambio, a replicar críticamente la actitud voyeurista, anónima y cotidiana de mirar el yo virtual de otro a través de agujeros en una pared, dispuestos a la altura de los ojos, que ofrecerán una imagen de la perpetuación del exhibicionismo y del manoseo del yo digitalizado.

Rodeando la estructura hay una plataforma, que se inclina con el peso de quienes la pisan, permitiendo nuevas visiones cada vez, creando una alegoría sobre cómo la mirada ajena impacta en la construcción de nuestra identidad. El movimiento de la instalación repercute en un piso cubierto de agua dentro de la estructura espejada, lo que provoca la elasticidad y deformación de la secuencia de 0 y 1 infinitamente repetida.

Camuflado entre los ojos humanos está el ojo de la máquina. Una cámara dirigida hacia el interior de la estructura espejada observa en secreto el ir y venir de quienes visitan la instalación. La vigilancia constante, la observación y medición de nuestras acciones y apariencias, se transmitirá en vivo a través de redes sociales, trasladando esta dinámica del mundo real a este ámbito ficticio construido dentro del espacio expositivo.

© 2023 por Isabel Englebert Estudio

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