ESCULTURAS A MEDIDA
Esta serie se compone de las siguientes obras:
ESCULTURA 50

Isabel Englebert presenta la pieza escultórica "50", una obra geométrica abstracta que reflexiona sobre las relaciones matemáticas perfectas que entretejen la vida misma. Poniendo énfasis en la proporción áurea inherente al tejido del universo, la artista crea una pieza en la que cada elemento está en perfecta armonía con los componentes que lo rodean, generando un equilibrio en un patrón que remite a la plenitud y la perfección. Isabel Englebert propone una metáfora, una abstracción del despliegue de los ciclos vitales que describen trayectorias en este entramado dinámico que es la vida misma.
La proporción áurea es el fundamento y pilar de la composición, en la que cada elemento corresponde a esta secuencia numérica, posicionado de tal manera que los puntos de contacto entre dos piezas dan existencia a un tercer elemento, cuyas proporciones son la suma de sus dos predecesoras. La artista decide trabajar exclusivamente con el círculo, una figura matemática ligada a la perfección y la plenitud, generando una abstracción y síntesis características de su obra.
En este caso, Isabel Englebert pone el énfasis en el número cinco como eje central de la pieza. Cinco décadas alrededor del sol, cinco integrantes de la familia, cinco círculos que se enlazan entre sí y generan una composición armoniosa y perfecta. La proporción áurea se vuelve realidad al articularse con la escultura pentatónica.
La variedad de materiales y texturas hace referencia a cada una de las cinco décadas vividas. El uso del metal martillado, los distintos pesos transmitidos por los plenos y calados, son puntos de conexión que permiten establecer relaciones alegóricas con la realidad física. El color azul del vidrio, junto con su propiedad translúcida, remite a los grandes cuerpos de agua alrededor de los cuales se ha desarrollado la vida en las últimas décadas.
Entre los distintos niveles de significado que emergen de la "Escultura 50", puede establecerse un vínculo entre su composición morfológica y la del Neo-Geo, con su abstracción geométrica y simplicidad de formas. Los elementos compositivos se transforman en signos sintéticos que remiten a la realidad, despertando tanto reflexiones conceptuales como admiración estética.
Gran admiradora de Olafur Eliasson y sus reflexiones sobre el medioambiente, la artista elabora una simbiosis entre la realidad existencial y la obra de arte, que busca capturar las proporciones perfectas de los ciclos vitales y las relaciones familiares, con especial foco en la proporción áurea y el valor del número cinco en esta etapa de la vida.

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PARQUES DE BARCELONA
Esta serie de esculturas de pequeño formato es un homenaje a los parques más emblemáticos de la ciudad de Barcelona. Cada espacio público fue diseñado de manera única por grandes arquitectos, utilizando distintas morfologías y materiales, construyendo espacios para la circulación, la contemplación y el descanso. A través de vistas cenitales, la identificación y el análisis de figuras, sumados a la observación de detalles significativos de cada plaza recopilados por la artista durante sus recorridos, Isabel Englebert realiza un fuerte trabajo de abstracción para descomponer cada uno de los espacios públicos. Fiel a su esencia, la artista logra sintetizar los aspectos más representativos de los parques, a través del lenguaje geométrico y abstracto tan característico de su obra. La elección de cada material está intrínsecamente relacionada con los espacios seleccionados, encarnando la esencia física de cada plaza.
PARQUE TURÓ
La conceptualización de la morfología tan característica de este parque se sintetiza en formas ovaladas, esféricas y circulares, que remiten al distintivo estanque y sus islotes. El mármol verde rinde homenaje a los árboles centenarios que habitan este espacio, como el antiguo algarrobo que es protagonista del parque.



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PLAZA REAL
La esencia de este parque se encuentra en los múltiples arcos que recorren su perímetro, dibujando efectos de luz y sombra que contrastan el interior y el exterior de la construcción. Esto se traduce en formas de arcadas, superpuestas entre sí, que van desde la plenitud de la construcción de la plaza, hasta lo lineal que remite a las palmeras y los faroles.


PALACIO REAL DE PEDRALBES
Los extensos jardines de trazado geométrico de Pedralbes, junto con la circularidad de sus estanques y arbustos, son la inspiración que rige esta escultura. A su vez, la repetición de los mástiles de la Casa Real se traduce en las líneas rítmicas realizadas en latón.


PARQUE DE CERVANTES
Los senderos amplios y sinuosos del Parque de Cervantes son los que le otorgan personalidad y estilo a este espacio público. El terreno antiguamente ocupado por el arroyo Estela aún conserva su fluidez y su juego de óvalos, que a su vez se traducen en la escultura que los representa.

ESCULTURA XXV

Isabel Englebert presenta "XXV", una obra escultórica de pequeño formato que simboliza una oda a la vida vivida en conjunto, un emblema de los largos años caminados juntos. La artista elabora una metáfora visual y espacial que construye el relato de la existencia de un vínculo, que ha ido mutando con el tiempo, atravesando momentos de mayor esplendor y situaciones difíciles, pero siempre fortaleciéndose cada vez más.


de las dos almas unidas. Dos personas distintas, cada una con sus propias trayectorias, deseos y decisiones, su propia esencia, pero avanzando juntas, dibujando en el espacio un recorrido de ascensos y descensos, aunque siempre complementario, que se completa únicamente con la presencia inequívoca de ambos elementos. Un recorrido que puede continuar infinitamente, en esta danza única y armoniosa. Cada elemento lineal que une ambas ondas simboliza un año de matrimonio, por lo que hay veinticinco piezas que funcionan como puente entre los ejes centrales. A medida que avanzan los años, el vínculo entre la pareja se fortalece, por lo que cada elemento lineal se vuelve más fuerte y más grueso.
El vínculo entre las dos partes dio origen a la familia, por lo que la escultura carga una fuerte referencia al concepto de ADN, la información vital y única que se transmite a los sucesores a través de la sangre, simbolizando un vínculo singular e irrepetible. Los elementos lineales que corresponden a los distintos años en los que la pareja tuvo a cada uno de sus hijos se distinguen del resto: cada uno se materializa en un color característico que representa de manera única al hijo o hija nacido durante ese año.
Siempre marcada por el carácter abstracto y la expresión mínima, la obra de Englebert representa una conceptualización que entrelaza el arte y la biología, dando origen a una pieza única que constituye un símbolo de afecto y acompañamiento, hecho de metal, irrompible e infinito.

ALAS
La obra "Alas", fruto de este nuevo encuentro entre dos naturalezas muy distintas, se erige como una oda a la sostenibilidad entendida como una segunda oportunidad. La idea se expresa fuertemente en el hecho de que las piezas metálicas incorporadas en la obra fueron encontradas en un depósito de chatarra, y transformadas, resignificadas, para dar forma a algo más grande. Las estructuras de las alas formaron parte de ángeles que alguna vez engalanaron la Avenida de Mayo de Buenos Aires, y la madera es de corazón de alcanfor. Una unión única y singular, en la que la convivencia de las discrepancias entre los materiales da origen a la obra.
No se trata solo de generar conciencia: se trata de generar un cambio. Ese cambio comienza donde el desecho y el arte se encuentran, interactúan y se unen, dando origen a una nueva entidad.



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